¿Cómo y por qué se inventaron las tarjetas de fútbol?

Que a un partido de futbol se le denomine batalla es ya indicativo de que en él ocurrieron cosas poco frecuentes en un encuentro deportivo. Mas además de esto aquel enfrentamiento tuvo una repercusión definitiva en el fútbol tal como lo conocemos el día de hoy, por el hecho de que llevó a la invención de las tarjetas amarilla y roja de amonestación y expulsión.

La historia de las tarjetas de fútbol

El protagonista primordial de esta historia es un árbitro inglés, militar y maestro, que asimismo idearía, entre otras muchas cosas, el uniforme negro arbitral.

Se llamaba Kenneth George Aston y había nacido el 1 de septiembre de mil novecientos quince en Colchester, Inglaterra. A los veintiuno años ya ejercitaba como árbitro en categorías inferiores, actuando como juez de línea en las superiores de la liga inglesa de fútbol. La Segunda Guerra Mundial la pasó en el Regimiento Real de Artillería y el Ejército del Raj en la India, finalizando la batalla con el grado de teniente coronel. Para conocer más sobre la historia del arbitraje en fútbol recomiendo leer libros de fútbol y descargarlos, si estás interesado ingresa aquí para descargar

Volvería a arbitrar partidos de fútbol en mil novecientos cuarenta y seis. Hasta ese momento los agremiados usaban chaquetas de tweed (lana áspera y resistente propia de Escocia) sobre camisas y pantalones blancos. Mas Aston por su condición de exmilitar acostumbraba a frecuentar tiendas de excedentes de guerra y, en una de esas ocasiones, halló una chaqueta negra con rebosantes bolsos que pensó le sería realmente útil en los partidos.

Se adquirió 2 y unos pantalones cortos del mismo modo negros. Comenzó a emplearlos en los encuentros que arbitraba y, poquito a poco, el resto de colegas le imitó. Había nacido el uniforme tradicional del árbitro de fútbol.

Por año siguiente se hallaba arbitrando un partido en la mitad de la bruma (si, por entonces los partidos se jugaban aun con bruma), donde los jueces de línea empleaban las banderas que, como era frecuente, el equipo local ponía a su predisposición. En un caso así eran de un color (beige o bien cobrizo claro) que le hacía bastante difícil distinguirlas a raíz de la bruma.

Solamente concluir el encuentro, de regreso a casa, volvió a la tienda de excedentes, adquirió 2 impermeables, uno colorado y otro amarillo, y con ellos armó un juego de banderas coloridas que siempre y en toda circunstancia llevaba consigo a fin de que las usaran sus jueces de línea.

Establecido ya en la Premier League llegaría a ser internacional, al tiempo que desde mil novecientos cincuenta y tres ejercitaba como maestro y directivo de una escuela de primaria en Ilford, Essex.

Y de este modo llegaría al instante clave, la Copa del Mundo de Fútbol disputada en Chile en mil novecientos sesenta y dos. La FIFA dispuso que Aston arbitrara el enfrentamiento entre la selección local chilena y también Italia en la fase de conjuntos, el dos de junio en el Estadio Nacional de la ciudad de Santiago.

La Batalla de Santiago, cuna de las tarjetas

La prensa italiana ya había caldeado el entorno publicando cosas como que Santiago era un vertedero donde los teléfonos no funcionaban, los taxis eran tan escasos como los maridos fieles y una carta tarda 5 días en llegar. No solo eso, los tabloides italianos contaban que los chilenos eran propensos a la desnutrición, el analfabetismo y el alcoholismo, e inclusive orgullosamente miserables y retrasados.

Como es lógico los diarios chilenos no se quedaron atrás, acusando a los jugadores italianos de dopaje y de ser unos fascistas, mafiosos y sexistas.

Cuando Aston brincó al campo probablemente no se imaginaba en lo que se iba a transformar aquel partido. Al poco de empezar, en el minuto siete debió expulsar al italiano Giorgio Ferrini, mas este se negó a desamparar el terreno de juego y la policía debió sacarlo del campo.

Minutos después no vio como el chileno Leonel Sánchez le propinaba un puñetazo al italiano Mario David, si bien si pudo ver como después David procuraba darle una patada en la cabeza a Sánchez finalizando el primer tiempo, expulsándolo igual que a su compañero.

No obstante, incomprensiblemente, cuando Sánchez le rompió la nariz a Humberto Maschio asestándole un puñetazo con la izquierda, Aston no lo expulsó. Los jugadores de los dos equipos se enzarzaron en una riña y la policía debió intervenir nuevamente múltiples veces más a lo largo del encuentro.

Al final Chile ganó el partido por 2 tantos a cero y avanzó a los cuartos. Mas el partido ya se había ganado fama como uno de los más violentos de la historia, mereciendo el título de la Batalla de la ciudad de Santiago. No estaba arbitrando un partido de futbol, estaba dirigiendo unas maniobras militares, afirmaría Aston después.

4 años después Aston fue nombrado jefe de los árbitros en la Copa Mundial disputada en Inglaterra en mil novecientos sesenta y seis. Tras el partido Inglaterra-Argentina, uno de los jugadores ingleses, Jack Charlton, se sorprendió al leer en los jornales que había sido reprendido en el encuentro.

De manera inmediata llamó a FIFA para confirmar el hecho. El inconveniente era que el árbitro no había indicado meridianamente y de forma pública la amonestación. Las amonestaciones se efectuaban solo de forma verbal, y ahí el idioma era un obstáculo.

De regreso a su casa en turismo Aston se detuvo en un semáforo, pensando en de qué manera podía solventar aquel aspecto del juego. Al ver las luces rojas y amarillas se le ocurrió la idea: amarillo, ten cuidado; colorado, expulsado. Además de esto el código de colores rompería las barreras del lenguaje y podría ser entendido tanto por los jugadores como por los espectadores, dejando claras las resoluciones de los árbitros.

La primera vez que se usaron en competición oficial las tarjetas roja y amarilla fue en el próximo Mundial, México mil novecientos setenta, y desde entonces fueron adoptadas oficialmente por todas y cada una de las federaciones. La escala para determinar en qué momento se mostraba una tarjeta amarilla o bien una roja se fundamentó en los incidentes de la batalla de la ciudad de Santiago.

Aston fue galardonado en mil novecientos noventa y siete como Miembro de la Orden del Imperio Británico. Murió el veintitres de octubre de dos mil uno a la edad de ochenta y seis años.

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